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Me encanta verte sonreir haciendo un mundo mejor




Educación en positivo

La educación correcta siempre es una educación en positivo. Esta consiste en apoyarse en los puntos fuertes de los hijos para mejorar en todo lo demás. Es saber ver lo que hacen bien, que no pase desapercibido, elogiarlo, reconocerlo, festejarlo… para que así se sientan bien, se sientan apreciados y válidos y esto les dé ganas de ser aún mejores.

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a un interesante curso en mi empresa, impartido por Victor Küppers. Entre los múltiples recursos, ejemplos y cuentos que nos transmitió, recuerdo especialmente el de los "clavos en la puerta", entre otros motivos, porque lo he utilizado con mis hijos para hacerles comprender cómo nuestros actos dejan huella en los demás.

Este es el cuento. Espero que os resulte útil:

Un niño tenía con mucha frecuencia reacciones llenas de ira hacia las personas con las que se relacionaba, porque perdía la paciencia con demasiada facilidad: sus hermanos, sus padres, sus compañeros del colegio... todos eran objeto de su mal trato.
Hace unas semanas os traía a este blog el cuento de "La maceta vacía", sobre la honradez, la sinceridad... Pues el otro día encontré otro cuento relacionado con la sinceridad, que incide en el proceso destructivo que supone la mentira.

La mentira es algo frecuente en los niños. Este cuento puede ayudar a hablarlo con ellos y a ir creando en su interior la clara conciencia de que con la mentira se consiguen recompensas superficiales y nada duraderas. Resumen del cuento:

Ser buena persona depende de uno mismo. Podemos actuar mejor o peor en nuestra vida, y seguramente nuestro entorno, educación o circunstancias puedan condicionar muchas veces el comportamiento que nos decante a uno u otro lado, pero la voluntad de cambiar, de mejorar y de actuar como buenas personas será siempre decisión de uno mismo.

Hace unos días, a través de las redes sociales pude leer un artículo donde se recordaba una vieja investigación que dio pie a "La teoría de las ventanas rotas". La investigación la realizó la Universidad de Stanford en 1969. Si queréis más información, buscad en Google y encontraréis muchas referencias a ella. Yo os traigo un resumen de la misma:

Hoy quiero compartir con vosotros una idea que de vez en cuando ponemos en práctica en casa, a la hora de la cena.

Para nosotros, la cena es el único momento del día en el que estamos todos juntos y podemos hablar con algo de tranquilidad;  ya han pasado los trabajos, los colegios, los deberes, las duchas... y, por fin, estamos todos sentados en la mesa, compartiendo una rica cena -esto último, mérito de mi marido-.

Una vez, hace unos años ya, decidimos poner en marcha la ronda de "el mejor y el peor momento del día". Consiste en que cada uno tiene que pensar en su mejor y en su peor momento del día. Las reglas son sencillas:

¿Habéis volado alguna vez una cometa?
Es todo un arte, pero también tiene su técnica ¿verdad? Qué maravilla cuando conseguimos que la cometa vuele alta y se estabilice en una suave brisa o mediante piruetas sortee los envites del fuerte viento.

Se trata de  un juego de tira y afloja del fino pero resistente hilo que nos une a ella. Claro está, que hay cometas diseñadas para volar estables,  otras para realizar piruetas, las hay de distintas formas, colores y tamaños, de tipo parapente, tridimensionales, de 1, 2 o 4 hilos, y un sinfín de tipos más. Pero si queremos volarla correctamente hemos de saber cuál es la que está en nuestras manos. Hemos de educar de manera personalizada, conociendo y sabiendo potenciar y valorar las cualidades individuales de cada uno de nuestros hijos. También hemos de sentir cuando tirar y cuando soltar hilo.

Generalmente decimos que ocurrió un milagro cuando sucede algo realmente asombroso y excepcional para lo que no hay una explicación racional. También en ocasiones, hablamos de milagros cuando la vida nos sorprende y nos hace descubrir su grandeza y su belleza. Y también hay quién dice que todo es cuestión de azar.
Un niño se calla. Está sufriendo, pero se calla.

Algunos compañeros del colegio se meten con él; se saben más fuertes que él. Les ha pedido que le dejen en paz, que él no les ha hecho nada... pero todo sigue igual. Y a medida que pasa el tiempo, sufre más. Pero sigue callando.

Sabe que si recurre al profesor o a sus padres, le van a llamar "chivato", "acusica", "cobarde" y que entonces las cosas empeorarán aún más.

Por eso, decide seguir callado; seguir sufriendo. No sabe salir de esta situación.

¿Cómo podemos ayudarle a salir de este círculo destructivo?

Hace unos días estuvimos comentando por las redes sociales los beneficios que tiene la práctica del deporte en equipo y poco a poco surgió esta entrada para nuestro blog. Aquí tenéis un resumen de lo que comentamos.

Practicar un deporte en equipo no es sólo hacer deporte (cosa que ya de por sí es beneficioso, pues nos hace sentirnos mejor, en forma, más activos...), sino que es mucho más

Y aún es mucho más si quien lo practica está en su etapa de aprendizaje y formación, convirtiéndose en una vía importantísima para adquirir hábitos y costumbres determinantes de la futura personalidad adulta que está formándose. 

Esos hábitos y costumbres podrán ser positivos o negativos, en función de cómo lo enfoquemos los adultos que acompañamos a estos niños o adolescentes en su práctica de deporte en equipo (padres, entrenadores y profesores).

Os facilitamos una relación de beneficios que tiene la práctica de deporte en equipo. No pretende ser una relación exhaustiva, sino sólo servir de ayuda para reflexionar sobre lo importante que es que los adultos enfoquemos correctamente la práctica de nuestros hijos/alumnos de un deporte en equipo:
Existe un cuento tradicional chino que nos puede ayudar a reflexionar con nuestros hijos sobre la Sinceridad. Os lo resumo a continuación, aunque os recomiendo que tengáis en casa una versión en papel. Se lo regalaron a mi hija en su 5º cumpleaños y es uno de sus favoritos: DEMI, "La maceta vacía". 1990. Editorial Juventud

Este es el cuento:

Hubo una vez un emperador que no tenía hijos. Llegado el momento de buscar heredero, decidió convocar a los jóvenes del país. 

El emperador, aficionado a la jardinería, pensó en un modo muy original para seleccionar al heredero. Cuando acudieron todos los jóvenes a palacio, les dijo:



"Estoy desesperado, mi hijo no me obedece"

Estoy desesperado, mi hijo no me obedece, es una de las quejas que más  pronuncian  muchos padres.

Pero a no ser que el niño padezca una enfermedad, deberíamos preguntarnos “¿No estaré ejerciendo mal mi autoridad?” en lugar de decir “Mi hijo es un desobediente” .

Aquí proponemos un trabajo de autoanálisis y reflexión a los padres para ver cómo andan de autoridad.
  • ¿Tengo que llegar a gritar?
  • ¿Repito las ordenes muchas veces?
  • ¿Pierdo los nervios, me desespero?
  • ¿No me escucha mi hijo, no estará sordo?
  • ¿Le ordeno muchas cosas a la vez?
  • ¿Cuánto más cansado estoy  menos me obedecen?
  • ¿Acompaño las  órdenes de pequeños o grandes sermones?
  • ¿Castigo, amenazo o chantajeo a mi hijo para que obedezca?
  • Si hago o me pasa algo de esto con mis hijos entonces tengo que revisar mi autoridad.
Los libros de ciencias naturales explican de forma básica las etapas de la vida de cualquier ser vivo, que en condiciones normales son: Nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte.

La naturaleza está cargada de sucesos, formas y vida que manifiestan un cierto comportamiento armónico con el entorno en el que se desarrollan. La vida está influida por el ciclo del día y la noche, el de las estaciones del año, las fases lunares,...

En este artículo me gustaría mostrar una forma de explicar las etapas de nuestra vida utilizando algunos fundamentos matemáticos, con el propósito de ayudar a comprender los cambios o momentos de crisis que se manifiestan en nuestros hijos y en nosotros mismos.
Todas las personas tenemos la capacidad de aprender. El proceso de aprendizaje de cualquier cosa pasa por cuatro fases:
  1. No sé que no sé...
  2. Sé que no sé...
  3. Sé que sé...
  4. No sé que sé...
Quizás asuste un poco la lista anterior como modelo de fases en el proceso de aprendizaje de cualquier cosa, pero un ejemplo puede que lo aclare:
Hace pocos días tuve una conversación muy interesante con uno de mis hijos sobre la sinceridad. Ya os podéis imaginar el detonante: nos había mentido.

La experiencia me dice que estos detonantes negativos pueden convertirse en excelentes oportunidades para educar, así que me puse en marcha rápidamente para intentarlo. Creo que hacerlo rápidamente es importante, porque necesitamos recordar muy bien lo que ha pasado y, sobre todo, cómo nos hemos sentido. Pero rápidamente no significa inmediatamente. Conviene dejar un tiempo para enfriar los primeros sentimientos tras descubrir la mentira. La oportunidad se aprovecha si se busca un momento idóneo para hablar: los dos tranquilos, con tiempo suficiente, sin prisas.
La generosidad es uno de los valores más codiciados y deseados por los padres para ver crecer en sus hijos. Las sociedades desarrolladas conducen a la competencia desmedida, al valor de lo material, la insolidaridad y el egoísmo  El gesto de compartir con los demás, es un preciado hábito que debemos fomentar en nuestros hijos para que se convierta en una virtud cuando de forma natural se den a los demás.
Mejorar en los estudios puede ser asociado fácilmente a sacar mejores resultados académicos en las siguientes evaluaciones, y ciertamente así se puede interpretar, pero mejorar en los estudios no debe ser un acto de esfuerzo puntual. Crear el hábito del estudio será el objetivo más importante que debemos proponernos para consolidar el aspecto formativo de nuestros hijos para toda su vida.


He buscado en Google este refrán y me aparecen ¡¡111.000 entradas!!

Eterno debate educativo el de la herencia y el ambiente. ¿Cuánto de lo que somos nos viene "de serie" y cuánto lo aprendemos? Pues depende... La persona es una realidad compleja y multidimensional. En cada una de sus dimensiones, el peso de la herencia y del ambiente no es el mismo.